Anglicismos hispanizados: las palabras inglesas que conjugamos en español sin pedir permiso

Parquear, chequear, lonche, rentar, printear, chatear: cómo el español agarra palabras inglesas, les mete terminación española y las conjuga como propias.

Cuando un colombiano dice que va a "parquear" el carro, un mexicano que tiene que "printear" un documento, o un puertorriqueño que va a "chequear" si llegó el paquete, están haciendo algo que el español lleva siglos haciendo con total naturalidad: agarrar una palabra extranjera, meterle una terminación española y conjugarla como si hubiera nacido en Castilla.

El inglés es hoy la mayor fuente de préstamos del español, igual que el árabe lo fue en la Edad Media o el náhuatl en México. Pero lo interesante no es que tomemos palabras prestadas. Es cómo las tomamos: no las dejamos en su forma original, las hispanizamos. Las hacemos nuestras a la fuerza, con la gramática española imponiéndose sobre la palabra extranjera hasta que suena local.

El mecanismo: -ear, -ar y a correr

El español tiene una máquina de fabricar verbos. Cualquier sustantivo o verbo inglés entra por un lado, se le pega "-ear" o "-ar", y sale un verbo español perfectamente conjugable. "To check" entra y sale "chequear": yo chequeo, tú chequeas, nosotros chequeamos. "To park" entra y sale "parquear". "To print" se vuelve "printear". El proceso es tan automático que los hablantes ni lo notan.

Lo mismo pasa con los sustantivos: "lunch" se vuelve "lonche", "truck" se vuelve "troca", "carpet" se vuelve "carpeta" (aunque esa es vieja). La palabra entra cruda y sale con acento, ortografía y plurales españoles.

Los anglicismos que ya son español de la calle

Parquear viene de "to park". Estacionar el coche. Se usa en Colombia, Venezuela, Centroamérica, el Caribe y entre latinos de Estados Unidos. En España y Argentina prefieren "aparcar" y "estacionar", pero en medio continente "parquear" es la forma natural. Tiene su sustantivo: el "parqueo" o el "parqueadero".

Chequear viene de "to check". Revisar, verificar, comprobar. "Voy a chequear si está abierto", "chequéame esto". Es uno de los anglicismos más extendidos, especialmente fuerte en el Caribe y entre la diáspora. Su sustantivo, "chequeo", se usa hasta en contexto médico.

Lonche viene de "lunch". El almuerzo, o la comida que llevas al trabajo o la escuela. Muy común en México, Perú y entre chicanos. De ahí salió "lonchera" (la fiambrera) y "lonchear" (almorzar). Es un préstamo tan integrado que mucha gente no sabe que viene del inglés.

Rentar viene de "to rent". Alquilar. En México y entre latinos de Estados Unidos se renta una casa, un coche, una película. En España y el Cono Sur se dice "alquilar". "Rentar" suena tan español que cuesta creer que es un calco del inglés americano.

Printear viene de "to print". Imprimir. Es más reciente, propio de la era de las oficinas y las computadoras. "Printéame esas hojas". Convive con "imprimir" pero en registro informal y técnico el anglicismo gana terreno.

Chatear viene de "to chat". Conversar por mensajes digitales. Este anglicismo es tan universal que ya nadie lo percibe como extranjero. La RAE lo aceptó. "Estábamos chateando", "te chateo luego". Es el ejemplo perfecto de préstamo completamente naturalizado.

Postear viene de "to post". Publicar algo en redes sociales. "Posteó una foto", "no postees eso". Es de la generación de las redes y ya es vocabulario estándar entre cualquier hispanohablante con teléfono.

Linkear viene de "to link". Enlazar, poner un enlace. "Linkéame el video", "está linkeado en la bio". Vocabulario nativo digital, especialmente entre creadores de contenido y gente que trabaja en internet.

Por qué el español hace esto y otros idiomas no tanto

No todos los idiomas asimilan préstamos con la misma facilidad. El francés tiene una academia que lucha activamente contra los anglicismos. El español, en cambio, tiene una flexibilidad morfológica enorme: el sistema de conjugación es tan regular que cualquier raíz extranjera se acomoda sin fricción. Si puedes decir "amar, amas, amaba", puedes decir "chatear, chateas, chateaba" sin que el oído proteste.

Además, el español hispanoamericano tiene una relación histórica muy directa con el inglés estadounidense: migración, comercio fronterizo, cultura pop, tecnología. Cada ola tecnológica trajo su lote: el siglo XX trajo "troca" y "lonche" por la migración mexicana; los 90 trajeron "chatear" y "formatear" por las computadoras; los 2010 trajeron "postear", "stalkear", "shippear" por las redes sociales.

La paradoja del purismo

Cada generación de puristas se horroriza con los anglicismos de la generación siguiente, sin darse cuenta de que las palabras que ellos consideran "español correcto" fueron, en su momento, préstamos escandalosos. "Fútbol" es "football". "Líder" es "leader". "Estrés" es "stress". "Champú" es "shampoo". Todas fueron anglicismos hispanizados que el tiempo volvió invisibles.

Hoy "printear" suena a barbarismo. Dentro de cincuenta años, probablemente esté en el diccionario sin que nadie recuerde la pelea. Así funciona: el anglicismo de hoy es el español correcto de pasado mañana.

La marca de un idioma vivo

Que el español devore palabras inglesas y las escupa conjugadas no es señal de debilidad. Es señal de salud. Un idioma que no toma préstamos es un idioma que dejó de estar en contacto con el mundo. El español hispanoamericano absorbe inglés a un ritmo brutal precisamente porque está vivo, en movimiento, en contacto con la tecnología y la cultura global.

La próxima vez que alguien diga que vas a "parquear" mientras "chateas" antes de "printear" el documento que tienes que entregar, recuerda: estás escuchando quinientos años de una maquinaria gramatical que nunca ha dejado de funcionar. El español no se defiende del inglés. Se lo come.