Quechua en el español sudamericano: las palabras incas que sobrevivieron a la conquista

Cancha, palta, poncho, pucho, choclo, ñapa: las palabras del idioma inca que sobrevivieron a la conquista y siguen vivas en el español sudamericano de hoy.

Cuando un argentino sale a la cancha, un peruano pide una palta para el sandwich, una boliviana le canta a su wawa o un chileno se enciende un pucho, están hablando en quechua sin saberlo. La lengua del imperio Inca, que se extendía desde el sur de Colombia hasta el norte de Argentina antes de la llegada de los españoles, no desapareció con la conquista. Se mezcló. Y dejó en el español sudamericano una capa de vocabulario tan integrada que hoy nadie reconoce ya sus raíces.

El quechua sigue siendo lengua viva. Lo hablan entre ocho y diez millones de personas en los Andes, sobre todo en Perú, Bolivia y Ecuador. Pero más allá de quienes lo conservan como idioma materno, su huella está en el habla diaria de millones de hispanohablantes que jamás aprendieron una palabra de quechua formal.

La conquista que se invirtió

Los conquistadores españoles llegaron al Tahuantinsuyo (el imperio inca) en 1532, y desde el primer día empezaron a aprender quechua. Era inevitable: la administración española dependía de funcionarios locales, los misioneros necesitaban traducir el evangelio, y los nuevos colonos tenían que comerciar con campesinos y mineros indígenas. Durante todo el periodo colonial, el quechua fue la lengua puente entre el español y las decenas de lenguas locales que se hablaban en la cordillera.

Esa convivencia dejó un préstamo enorme. Palabras quechuas entraron al español hablado en Lima, Quito, La Paz, Buenos Aires y Santiago. Algunas quedaron como vocabulario regional, otras viajaron por todo el continente y se volvieron parte del castellano americano sin que nadie las marcara como extranjeras. Hoy esas palabras son tan españolas como cualquier otra.

Las palabras que el quechua le regaló al español

Cancha viene del quechua "kancha" (recinto, espacio cercado). Hoy es la palabra estándar en toda América del Sur para terreno de juego deportivo. "Estamos en la cancha", "salimos a la cancha". Argentina, Chile, Colombia, Perú: todos juegan en cancha, mientras los españoles juegan en "pista" o "terreno". Pequeña ironía: la palabra más futbolera del continente viene del idioma inca.

Guagua y su forma original wawa vienen del quechua "wawa" (bebé, niño). En Bolivia, Perú, Ecuador y Chile, "wawa" o "guagua" se sigue usando para hablar de un bebé. Curiosamente, en el Caribe (Cuba, Puerto Rico, Dominicana) "guagua" significa autobús: una palabra de origen distinto que coincide por casualidad fonética.

Palta es la forma sudamericana de decir aguacate, del quechua "palta". En Argentina, Chile, Perú, Bolivia, Ecuador y Uruguay nadie pide "aguacate": piden palta. En México, en cambio, "palta" no se entiende. Es uno de los regionalismos más marcados del continente.

Poncho viene del quechua "punchu" (manta con abertura para la cabeza). La prenda más andina, asociada al gaucho y al campesino, conserva su nombre original. La palabra viajó al español global y de ahí al inglés y a docenas de idiomas más: "poncho" es uno de los pocos préstamos quechuas que llegó a ser internacional.

Choclo es el maíz tierno o fresco, del quechua "chuqllu". En Argentina, Chile, Uruguay y Perú se dice choclo; en México se dice elote; en España se dice mazorca. Otra palabra que separa a Sudamérica del resto del español.

Chacra viene del quechua "chakra" (terreno cultivado, parcela). En Argentina, Uruguay, Chile, Perú, Bolivia y Ecuador, la chacra es la pequeña finca rural, normalmente familiar y dedicada a cultivos modestos. La palabra sigue siendo de uso diario en zonas rurales y peri-urbanas del Cono Sur.

Pucho viene del quechua "puchu" (resto, sobrante). En el español sudamericano se aplicó al resto del cigarro, es decir, la colilla, y de ahí al cigarro entero. En Argentina, Uruguay y Chile pedir un pucho es pedir un cigarrillo. La etimología es perfecta: lo que sobra del fuego.

Ñapa o "yapa" viene del quechua "yapay" (añadir, agregar). Es lo que el vendedor de mercado te da gratis después de la compra: una manzana extra, una galletita, lo que sea. Sigue vivo en Colombia, Venezuela, Ecuador, Perú y Bolivia. Es la palabra que captura una práctica comercial andina que el mundo anglosajón llama "baker's dozen".

China en Argentina, Uruguay y partes de Paraguay viene del quechua "china" (hembra, joven). Se aplica a una mujer del campo, generalmente joven, con resonancia gauchesca y romántica. No tiene nada que ver con el país asiático.

Llokalla es la palabra boliviana para muchacho o joven, directa del quechua. Sigue siendo de uso cotidiano en La Paz y el altiplano boliviano, donde la convivencia con el aymara y el quechua es más estrecha que en ningún otro lugar del continente.

Chompa es la palabra andina para suéter, jersey, prenda de punto. Se usa en Perú, Ecuador, Bolivia y partes de Centroamérica. Origen disputado: algunos lingüistas lo rastrean al quechua, otros al inglés "jumper" adaptado. Lo más probable es una mezcla de ambos influencias.

Locro es el guiso tradicional andino, del quechua "luqru". Plato emblemático de Argentina, Bolivia, Perú y Ecuador, hecho a base de maíz, papa, zapallo y carne. Cada país tiene su versión y la palabra es exactamente la misma.

Choro tiene varios orígenes según el país, pero la acepción peruana de "molusco" viene del quechua "ch'uru". En Perú comer "choros a la chalaca" es un clásico de la cocina costera. Las otras acepciones (ladrón en Chile, valiente en otros países) tienen orígenes distintos.

Chamba en Perú y partes del sur significa trabajo. Su origen es disputado: algunos la rastrean al quechua "chamba" (terrón, tierra), otros al inglés "chamber". En México y Centroamérica también significa trabajo pero por rutas distintas. Lo interesante: la misma palabra cruzó múltiples rutas.

Huaso en Chile es el campesino tradicional, el equivalente al gaucho argentino. Viene probablemente del quechua "wasu" (rudo, tosco) o "wakcha" (huérfano). El huaso es figura central de la identidad rural chilena.

El quechua que sigue creciendo

A diferencia del lunfardo, que casi no genera vocabulario nuevo, el quechua sigue produciendo palabras que entran al español andino contemporáneo. La inmigración interna desde el campo a las ciudades de los últimos cincuenta años ha llevado quechuísmos nuevos al habla limeña, paceña y quiteña. Bandas de rock peruano cantan en quechua mezclado con español. La cultura digital en Bolivia y Ecuador empieza a usar quechuísmos en redes sociales.

Es un préstamo que nunca terminó. El quechua sigue siendo lengua viva, y mientras lo siga siendo, el español de los Andes seguirá absorbiendo palabras suyas. La diferencia con el lunfardo es que el quechua no fue jerga marginal: fue una lengua imperial, codificada, estudiada, escrita. Su huella en el español no salió de las cárceles ni de los puertos. Salió de las cumbres.

Lo que oculta cada palabra

Cuando un argentino dice "vamos a la cancha", un ecuatoriano sirve palta, un peruano pide un locro, o un boliviano carga a su wawa, están hablando con quinientos años de historia. Una historia donde el imperio que conquistó a los Incas no terminó imponiendo solo su idioma, sino que también se dejó modificar por el idioma de los conquistados. Y en esa contaminación mutua nació el español sudamericano que hoy hablamos.

Cancha, palta, poncho, pucho: cada una de esas palabras es una victoria silenciosa del quechua. Sobrevivió a la conquista, a la república, a la modernidad. Y sigue ahí, esperando que alguien la diga sin saber lo que está diciendo.